REFLEXIONESy aprendizajes
Pensamientos críticos sobre la práctica educativa.
Aprender
Desde el colegio he escuchado que nunca debemos dejar de ser niños. Al adentrarme en la docencia, he oído a muchos maestros repetir esta idea, y con el tiempo he descubierto que en ella se esconde una verdad profunda: la esencia de cultivar una relación docente-estudiante sana, cercana y genuina.
Una relación en la que a los estudiantes les alegra llegar al aula, no porque vayas a jugar con ellos, sino porque en la manera de enseñar logras entrar en su mundo, hablar con naturalidad y generar un ambiente donde se sientan libres de preguntar, participar e incluso equivocarse.
Esta semana, cuando todo vuelve a empezar —un nuevo año, un nuevo año lectivo—, llegan también millones de experiencias por vivir. Algunas nos confrontarán, otras nos harán sonreír, y muchas nos recordarán por qué decidimos ser docentes.
Habrá momentos de cansancio, de enojo, pero también instantes profundamente gratificantes, como ver reflejados en los trabajos y proyectos de los estudiantes aquello que compartimos desde nuestro conocimiento y vocación.
No escribo estas líneas para presentarme como una "buena profesora". Las escribo porque, al recibir tantos mensajes de estudiantes preguntándome cuándo regresamos a clase, si seré quien los acompañe en esta oportunidad como directora de grupo, comprendí que este espacio no debía centrarse tanto en mi experiencia, sino en el aprendizaje que dejo en ellos.
Por ello, los invito a saludar a mis estudiantes y, sobre todo, los invito a ellos a escribir en este espacio cuáles son sus expectativas educativas para este año, cómo sueñan su proceso formativo y de qué manera creen —o anhelan— que docentes e institución podamos involucrarnos de forma más cercana, humana y significativa.
Para que asistir a clases no sea una obligación, sino un deseo.
Enero 7 de 2026